Citas Baltasar Gracián


Baltasar Gracián, 1601-1658, escritor español.


 Pero en la monarquía de España, donde las provincias son muchas; las naciones, diferentes; las lenguas, varias; las inclinaciones, opuestas; los climas, encontrados; así como es menester gran capacidad para conservar, así mucha para unir.

El Político Don Fernando el Católico, 1640.


 Visto un león, están vistos todos, y vista una oveja, todas; pero visto un hombre, no está visto sino uno, y aun ése no bien conocido ...

El criticón, I.


 Es el hablar efecto grande de la racionalidad, que quien no discurre, no conversa. Habla, dijo el filósofo, para que te conozca.

El criticón, I.


 De aquí es que las personas no pueden estar sin algún idioma común para la necesidad, y para el gusto.

El criticón, I.


 Ni falta quien eche la culpa a la mujer llamándola el duende universal que todo lo revuelve. Mas yo digo que donde hay hombres no hay que buscar otro achaque, uno solo basta a desconcertar mil mundos.

El criticón, I.


 Fue Salomón el más sabio de los hombres y fue el hombre a quien más engañaron las mujeres, y con haber sido el que más las amó, fue el que más mal dijo de ellas, argumento de cuán gran mal es del hombre la mujer mala, y su mayor enemigo, más fuerte es que el vino, más poderosa que el Rey y que compite con la verdad siendo toda mentira.

El criticón, I.


 Salió de Madrid como se suele, pobre, engañado, arrepentido y melancólico.

El criticón, I.


 La soberbia, como primera en todo lo malo, cogió la delantera (...) Topó con España, primera provincia de la Europa. Parecióle tan de su genio que se perpetuó en ella. Allí vive y allí reina con todas sus aliadas: la estimación propia, el desprecio ajeno, el querer mandarlo todo y servir a nadie, hacer el Don Diego y "vengo de los godos", el lucir, el campear, el alabarse, el hablar mucho, alto y hueco, la gravedad, el fausto, el brío con todo género de presunción y todo esto desde el más noble hasta el más plebeyo.

El criticón, I.


 No hay lisonja, no hay fullería para un ingenio como un libro nuevo cada día.

El criticón, I, II.


 ¡Oh, gran gusto el leer! Empleo de personas, que si no las halla, las hace. Poco vale la riqueza sin la sabiduría, y de ordinario andan reñidas; los que más tienen menos saben, y los que más saben menos tienen, que siempre conduce la ignorancia borregos con vellocino de oro.

El criticón, I, II.


 No se permuta bien un adarme de libertad por todo el oro del mundo.

El criticón, I, II.


 Discurrí por todas las más célebres Universidades, sin poder descubrirla, que aunque muchos son sabios en latín, suelen ser grandes necios en romance.

El criticón, I, II.


 El verdadero saber es de pocos.

El criticón, I, II.


 El vulgo no es otra cosa que una sinagoga de ignorantes presumidos, que hablan más de las cosas cuanto menos las entienden.

El criticón, I, II.


 Porque aunque todos los males tienen remedio, (...) necesidad no la tiene, ni ha habido jamás hombre que curase de tonto.

El criticón, I, II.


 Pretendió entrar en la bestial plaza un gran filósofo y poner tienda de ser personas, feriando algunas verdades bien importantes, aforismos convenientes; pero jamás pudo introducirse ni despachó una tan sola verdad, ni el más mínimo desengaño, conque se hubo de retirar. Al contrario, llegó un embustero sembrando cien mil desatinos, vendiendo pronósticos llenos de desparates, como que se había de perder España otra vez, que había acabado ya la casa Otomana, leía profecías de Moros y de Nostradamus, y al punto se llenó la tienda de gente, y comenzó a despachar sus embustes con tanto crédito, que no se hablaba de otro, y con tal aseveración como si fueran evidencias; de modo que aquí más supone un adivino que Séneca, un embustero que un sabio.

El criticón, I, II.


 El demonio del mediodía mantiene la conversación, cobra el primero, y el día de la pelea se hace invisible.

El criticón, I, II.


 Quien tiene lengua, a Roma va: entiéndese por penitencia de los pecados del hablar.

El criticón, I, III.


 Hicieron muy bien su papel, pues llenaron las historias de sus hazañas y metiéronse en el vestuario común de las mortajas, pero no en olvido.

El criticón, I, III.


 Muere el hombre cuando había de comenzar a vivir, cuando más persona, cuando ya sabio y prudente, lleno de noticias y experiencias, sazonado y hecho, colmado de perfecciones, cuando era de más utilidad y autoridad a su casa y a su patria. Así que nace bestia y muere muy persona.

El criticón, I, III.


 Las verdades que más nos importan vienen siempre a medio decir.

El discreto, VIII. Cfr. Oráculo manual y arte de la prudencia.


 No hay monstruosidad sin padrinos.

El criticón, IX.


 El que enseña es deudor universal.

Agudeza y arte de ingenio, Al letor.


 Toda hermosura, que de ordinario es trono de la necedad.

Agudeza y arte de ingenio, XXVIII.


 Todo está en su punto y el ser persona en el mayor. Más se requiere hoy para un sabio que antiguamente para siete, y más es menester para tratar con un solo hombre en estos tiempos, que por todo un pueblo en los pasados.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 El recatado silencio sagrado de la cordura.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Todo vencimiento es odioso, y del dueño, o necio o fatal.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 La realidad y el modo. No basta la sustancia, requiérese también la circunstancia. Todo lo gasta un mal modo, hasta la justicia y razón. El bueno todo lo suple; dora el no, endulza la verdad y afeita la misma vejez. Tiene gran parte de las cosa el cómo, y es tahúr de los gustos el modillo. Un bel portarse, es la gala del vivir; desempeña singularmente todo buen término.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Hay mucho que saber y es poco el vivir y no se vive si no se sabe.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 ¡Infeliz eminencia la que se emplea en la ruindad! Ciencia sin seso, locura doble.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Arte para ser dichosos. Reglas hay de ventura, que no toda es acaso para el sabio; puede ser ayudada de la industria. Conténtanse algunos con ponerse de buen aire a las puertas de la fortuna y esperan a que ella obre.

Mejor otros, pasan adelante y válense de la cuerda audacia, que en alas de su virtud y valor puede dar alcance a la dicha y lisonjearla eficazmente. Pero bien filosofado, no hay otro arbitrio sino el de la virtud y atención, porque no hay más dicha ni más desdicha que prudencia.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Hartazgos de aplauso común no satisfacen a los discretos.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Son muchas las sectas del capricho y de todas ha de huir el varón cuerdo. Hay gustos exóticos que se casan siempre con aquello que los sabios repudian; viven muy pagados de toda singularidad, que, aunque los hace muy conocidos, es más por motivos de la risa que de la reputación.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 En duda, acierto es llegarse a los sabios y prudentes, que, tarde o temprano topan con la ventura.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Hay ocupaciones extrañas, polillas del precioso tiempo, y peor es ocuparse en lo impertinente, que no hacer nada.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Todo lo demasiado es vicio y mucho más en el trato.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Tanto importa una bella retirada como una bizarra acometida.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 En casa de la fortuna, si se entra por la puerta del placer, se sale por la del pesar y al contrario.

Atención, pues, al acabar, poniendo más cuidado en la felicidad de la salida que en el aplauso de la entrada.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Quisieran algunos que creara Dios otro mundo y otras perfecciones para satisfacción de su extravagante fantasía.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Saber negar. No todo se ha de conceder, ni a todos. Tanto importa como el saber conceder, y en lo que mandan es atención urgente. Aquí entra el modo. Más se estima el no de algunos que el sí de otros, porque un no dorado satisface más que un sí a secas. Hay muchos que siempre tienen en la boca el no, con que todo lo desazonan; el no es siempre el primero en ellos, y aunque después todo lo vienen a conceder, no se les estima porque precedió aquella primera desazón. No se han de negar de rondón las cosas; vaya a tragos el desengaño; ni se ha de negar del todo que sería desahuciar la dependencia. Queden siempre algunas reliquias de esperanza para que templen lo amargo en el negar. Llene la cortesía el vacío del favor y suplan las buenas palabras la falta de las obras. El no y el sí son breves de decir, y piden mucho pensar.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 El que está siempre de burlas, nunca es hombre de veras.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 No hay mayor desaire que el continuo donaire.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Saber hacerse a todos. Discreto Proteo: con el docto, docto y con el santo, santo. Gran arte de ganar a todos, porque la semejanza concilia la benevolencia.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Todos los necios son audaces. Su misma simplicidad, que les impide primero la advertencia para los reparos, les quita después el sentimiento para los desaires.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Al varón sabio más le aprovechan sus enemigos que al necio sus amigos.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Nace bárbaro el hombre; redímese de bestia, cultivándose.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 No sólo ha de ser aliñado el entender, también el querer y más el conversar.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 No puede uno ser señor de sí si primero no se comprende. Hay espejos del rostro, no los hay del ánimo: séalo la discreta reflexión sobre sí.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Arte para vivir mucho: vivir bien. Dos cosas acaban presto con la vida: la necedad o la ruindad. Perdiéronla unos por no saberla guardar, y otros por no querer. Así como la virtud es premio de sí misma, así el vicio es castigo de sí mismo: quien vive apriesa en la virtud, nunca muere. Comunícase la entereza del ánimo al cuerpo, y no sólo se tiene por larga vida buena en la intensión, sino en la misma extensión.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Más vale un grano de cordura que arrobas de sutileza.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 No basta tener razón con cara de malicia.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Está desacreditado el filosofar, aunque es ejercicio mayor de los sabios.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Insufrible necio el que quiere regular todo objeto por su concepto.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 La verdadera soberanía consiste en la entereza de costumbres.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas esencias que fárragos.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 La estimación se consigue menos cuanto se busca más.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Tener amigos. Es el segundo ser. Todo amigo es bueno y sabio para el amigo; entre ellos todo sale bien. Tanto valdrá uno cuanto quisieren los demás, y para que quieran se les ha de ganar la boca por el corazón. No hay hechizo como el buen servicio, y para ganar amistades el mejor modo es hacerlas. Depende lo más y lo mejor que tenemos de los otros.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Nunca hablar de sí. O se ha de hablar, que es desmerecimiento, o se ha de vituperar, que es poquedad, y siendo culpa de cordura en el que dice, es pena de los que oyen. Si esto se ha de evitar en la familiaridad, mucho más en puestos sublimes, donde se habla en común y pasa ya por necedad cualquier apariencia de ella. El mismo inconveniente de cordura tiene el hablar de los presentes, por el peligro de dar en uno de dos escollos de lisonja o vituperio.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Cobrar fama de cortés: que basta a hacerle plausible. Es la cortesía la principal parte de la cultura, especie de hechizo, y así concilia la gracia de todos; así como la descortesía, el desprecio y el enfado universal. Si ésta nace de soberbia, es aborrecible; si de grosería, despreciable.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 No hacer negocio del no negocio.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 No es necio el que hace la necedad, sino el que, hecha, no la sabe encubrir.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Hacer y hacer parecer. Las cosas no pasan por lo que son, sino por lo que parecen. Valer y saberlo mostrar es valer dos veces: lo que no se ve es como si no fuese.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Antes loco con todos que cuerdo a solas, dicen políticos. Que si todos lo son, con ninguno perderá, y si es sola la cordura, será tenida por locura: tanto importará seguir la corriente. Es el mayor saber, a veces, no saber o afectar no saber. Hase de vivir con otros, y los ignorantes son los más. Para vivir a solas ha de tener o mucho de Dios o todo de bestia. Más yo moderaría el aforismo, diciendo: "Antes cuerdo con los demás, que loco a solas". Algunos quieren vivir singulares en las quimeras.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Vanse muchos, o por las ramas de un inútil discurrir, o por las hojas de una cansada verbosidad, sin topar con la sustancia del caso.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Dejar hacer a la naturaleza allí, y aquí a la moralidad; tanto ha de saber el sabio médico para recetar como para no recetar, y a veces consiste el arte más en el no aplicar remedios. Sea modo de sosegar vulgares torbellinos el alzar la mano y dejar sosegar; ceder al tiempo ahora, será vencer después.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 No dar en paradoxo por huir de vulgar. Los dos extremos son del descrédito. Todo asunto que desdice de la gravedad es ramo de necedad.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 La discreción en el hablar importa más que la elocuencia.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Para prevenidos no hay acasos, ni para apercibidos aprietos.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Es la almohada sibila muda, y el dormir sobre los puntos vale más que el desvelarse debajo de ellos. Algunos obran y después piensan.

Oráculo manual y arte de prudencia,


 No hay desierto como vivir sin amigos: la amistad multiplica los bienes y reparte los males; es único remedio contra la adversa fortuna y un desahogo del alma.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Atención a no errar una, más que a acertar ciento.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 La condición del amante tiene la mitad del diamante: en el durar y en el resistir.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 A muchos les sobra la vida y se les acaba la felicidad; malogran los contentos, que no los gozan, y querrían después volver atrás cuando se hallan tan adelante; postillones del vivir, que, a más del común correr del tiempo, añaden ellos su atropellamiento genial.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Infeliz es la eminencia que no se funda en la sustancia; no todos los que lo parecen son hombres: haylos de embuste que conciben la quimera y paren embelecos, y hay otros, sus semejantes, que los apoyan y gustan más de lo incierto, que promete un embuste, por ser mucho, que de lo cierto, que asegura una verdad, por ser poco.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Achaques de necedad son irremediables, que, como los ignorantes no se conocen, tampoco buscan lo que les falta. Serían sabios algunos si no creyesen que lo son.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Con nadie es conveniente el allanarse; no con los mayores, por el peligro, ni con los inferiores, por la independencia; menos con la villanía, que es atrevida, por lo necio, y, no reconociendo el favor que se le hace, presume obligación. La facilidad es ramo de vulgaridad.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 El necio nunca hará lo que el cuerdo juzga, porque no alcanza lo que conviene.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Sin mentir, no decir todas las verdades. No hay cosa que requiera más tiento que la verdad, que es un sangrarse del corazón. Tanto es menester para saberla decir como para saberla callar.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 No muestra ser grande el que repara en puntillos.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Nunca exponer el crédito a la prueba de sola una vez.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Todo lo favorable obrarlo por sí; todo lo odioso por terceros.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Al desdichado parece que se conciertan en olvidarle la suerte y la muerte.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Nunca bien venerará la estatua en el ara el que la conoció tronco en el huerto.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Son tontos los que lo parecen y la mitad de los que no lo parecen.

Nota: en Agudeza y arte de ingenio, XXVIII, se atribuye el dicho al capitán portugués Pablo de Parada.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 El mayor necio es el que no se lo piensa y a todos los otros define.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Con estar todo el mundo lleno de necios, ninguno hay que lo piense, ni aún lo recele.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 No hacer de una necedad dos. Es muy ordinario para remendar una cometer otras cuatro. Excusar una impertinencia con otra mayor es casta de mentira, o ésta lo es de necedad, que para sustentarse una necesita de muchas.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 No se han de dar armas a los tránsfugas de la amistad, que hacen con ellas la mayor guerra. Al contrario, con los enemigos, siempre puerta abierta a la reconciliación, y sea la de la galantería.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Los mayores tentadores de la conducta son los que nada hacen bien y de todo dicen mal, que hay muchos monstruos en el extendido país de la impertinencia.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Última felicidad, el filosofar.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Procure, pues, el varón sabio tener algo de negociante, lo que baste para no ser engañado y aun reído; sea hombre de lo agible, que aunque no es lo superior, es lo más preciso del vivir. ¿De qué sirve el saber si no es práctico? Y el saber vivir es hoy el verdadero saber.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Piensan otros entretener con su elocuencia y aporrean el alma con su locuacidad.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 El que comunicó sus secretos a otro, hízose esclavo de él.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 El cuidado puede hacer de la costumbre segunda naturaleza.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 No hay cosa más fácil que engañar a un hombre de bien: cree mucho el que nunca miente, y confía mucho el que nunca engaña.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Algunos toman el descanso al principio y dejan la fatiga para el fin: primero ha de ser lo esencial, y después, si quedare lugar, lo accesorio.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Hacen algunos empeño del desacierto, y porque comenzaron a errar les parece que es constancia el proseguir; acusan en el foro interno su yerro, y en el externo lo excusan, con que si cuando comenzaron la necedad fueron notados de inadvertidos, al proseguirla son confirmados en necios.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Consiste a veces el remedio del mal en olvidarlo y olvídase el remedio.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Saber renovar el genio con la naturaleza y con el arte. De siete en siete años dicen que se muda la condición; sea para mejorar y realzar el gusto. A los primeros siete años entra la razón; entre después, a cada lustro, una nueva perfección. Observe esta variedad natural para ayudarla, y esperar también de los otros la mejoría. De aquí es que muchos mudaron de porte, o con el estado o con el empleo, y a veces no se advierte hasta que se ve el exceso de la mudanza. A los veinte años será pavón; a los treinta, león, a los cuarenta, camello; a los cincuenta, serpiente; a los sesenta, perro; a los setenta, mona; y a los ochenta, nada.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Pero el varón de ley nunca se olvida de quién es, por lo que otros son.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Hasta los soberanos han menester a los que escriben, y temen más sus plumas que las feas a los pinceles.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 No tiene otra comodidad el mando sino el poder hacer más bien.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Hay algunos tan paradoxamente impertinentes que pretenden que todas las circunstancias del acierto se ajusten a su manía, y no al contrario. Mas el sabio sabe que el norte de la prudencia consiste en portarse a la ocasión.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Dejar con hambre. Hase de dejar en los labios aun con el néctar. Es el deseo medida de la estimación. Hasta la material sed es treta de buen gusto picarla, pero no acabarla: lo bueno, si poco, dos veces bueno.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Tres eses hacen dichoso: santo, sano y sabio.

Oráculo manual y arte de prudencia.


 Obró mucho el que nada dejó para mañana.

Atrib.


 Los ignorantes son los muchos, los necios son los infinitos; y así el los tuviere a ellos de su parte, ése será señor de un mundo entero.

Atrib.


 Errar es humano pero más lo es culpar de ello a otros.

Atrib.


 Las leyes inútiles debilitan las necesarias.

Nota: también atribuida a Montesquieu.

Atrib.

Comentarios

  1. No es de extrañar que Schopenhauer aprendiera español para leerlo y traducirlo al alemán. Una de las mentes más preclaras de la historia del pensamiento que dio España... y así le fue...

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