Motivos para el pesimismo

Mientras la incompetencia de este gobierno de indoctos nos sumerge en la enésima ola de una pandemia que ha dado triunfalmente por superada en varias ocasiones, su competencia para pervertir las instituciones y el propio entramado institucional da pasos adelante un día sí y otro también.

La técnica es tan primitiva como eficaz: hoy se aprueba un proyecto de ley del "sí es sí", mañana otro sobre alimentación sana, sale un payaso a decir lo que hay que comer y lo que no, aparece una payasa hsblando de "todos, todas y todes", se detiene a un ventrílocuo. Burdas cortinas de humo porque, de pronto, se propone una modificación de la Ley de seguridad nacional que no es sino una reedición anacrónica pero igualmente antidemocrática de la ley de defensa de la República. Como dijo Azaña al diputado Ossorio "Comprenda Su Señoría que una decisión adoptada por el Ministro de la Gobernación no se va a recurrir ante un juez ni ante el Tribunal Supremo tampoco", una frase que demuestra la concepción de la democracia que tenía el tan celebrado político. Por eso, de un gobierno que cuenta con poco más de un centenar de diputados y se apoya en todo tipo de enemigos de la Nación española no cabía esperar menos que un quebrantamiento constitucional en toda regla.

Hay motivos fundados para un profundo pesimismo; la apariencia de paz social en un país con una tasa de paro escandalosa sólo puede sostenerse mediante una política de subvenciones que enfeuda a beneficiarios ociosos para que sigan votando al señor feudal que les mantiene. Por otra parte, poco cabe esperar de un partido en la oposición que aspira a un centro equidistante indefinido en lugar de dar una decidida batalla ideológica al proyecto totalitario que amenaza con aniquilarla. Sus dirigentes no dan la talla, salvo en concursos de lanzamiento bucal de huesos de aceituna, y quienes en sus filas sí son capaces de darla son sistemáticamente relegados a puestos secundarios para que los mediocres del partido protagonicen su ineficaz oposición. Tampoco cabe esperar nada de los altos Cuerpos de la Administración del Estado como su Servicio jurídico que en lugar de defenderlo, como es su deber, se pliega mansamente a los caprichos del Gobierno. Por su parte, la Carrera diplomática también se pliega mansa e indignamente a las consignas homosexuales de la inane Nekane provinciana que lo mancilla.

La deuda pública española se incrementa en 218 millones de euros al día y supera ya en un 67 % a la de Portugal. El español debe así cada mes 136 euros más que el anterior (1632 euros más al año), pero lo patético es que este incremento de deuda no conduce a mitigar los efectos de una situación económica extremadamente desfavorable porque no responde a un nivel de racionalidad mínimamente aceptable.

Mientras se prohiben fiestas de arraigo en todo el territorio, se celebran fiestas del orgullo gay que dejan un rastro de incuria y suciedad difícilmente superable. Y así, la España alegre y confiada se acerca al precipicio, impasible el ademán.

Comentarios

  1. No cabe duda de que hay motivos para el pesimismo. Fundados, como bien describes, en la empírica observación de nuestra triste realidad y actualidad. Solo un ciego puede no verlo y no hay peor ciego que el que no quiere ver

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  2. No puedo estar más de acuerdo.

    No obstante creo que puede quedar un resquicio de esperanza: Dudo que esta Ley Habilitante hitleriana del Faudillo Sanchinflas pueda ser aprobada en el Parlamento. Me cuesta creer que sus apoyos, enemigos jurados de España, Bildu, ERC, JuntxCat, CUP, etc. se fíen de Su Sanchidad con semejantes poderes, y aunque el Gran Felón les llegase a convencer, saben que un futuro Presidente del Gobierno podría usar este instrumento de poder contra todos ellos.

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