El auge de Madrid y el declive de Cataluña
Leo con asombro que las cuentas públicas de la Generalidad para el próximo ejercicio contemplan importantes subidas en el apartado identitario. Así, se contempla un gasto de 312 millones de euros para los medios públicos, lejos de los 303 anteriores; de los 312 millones, 284 están destinados a TV3, la televisión autonómica más cara de España, y a Catalunya Ràdio. A pesar de esa fuerte inyección de fondos, no está previsto que haya cantidad alguna destinada a paliar el déficit de la televisión autonómica, que es de 15 millones.
En materia lingüística, la Generalidad pretende destinar 47 millones de euros a la extensión del catalán en el sector público, cinco millones más que en el pasado ejercicio. También sube la dotación para la consejería de Acción Exterior y Transparencia (!), que pasa de 78 millones en el último presupuesto a 98 en el presentado el martes. En cuanto a las delegaciones de la Generalidad en el extranjero, la intención es pasar de los ocho millones a los doce con el propósito de consolidar la red de pseudoembajadas. La diputada del PP Eva Parera ha destacado que el gobierno catalán destina el doble a TV3 que a la política industrial.
Los indicadores del auge de Madrid y el declive catalán son claros. Madrid capta cada vez más empresas y personas, lidera también en los indicadores de crecimiento, empleo e inversión, ofrece mejores servicios sanitarios y educativos, y todo ello con muchos menos impuestos, ninguno propio frente a los 18 de Cataluña. Pero, además de las acertadas políticas económicas de corte liberal que han hecho posible ese desarrollo, también se puede hablar de una serie de factores socio-culturales que están influyendo favorablemente en todo este proceso.
Un artículo publicado por Andrés Rodríguez-Pose y Daniel Hardy, profesores de la London School of Economics, ha explorado los niveles de confianza interpersonal y colectiva existentes en Madrid y Cataluña y plantean que el auge de Madrid y el declive de Cataluña tiene mucho que ver con la fractura social y la desconfianza que experimenta el segundo territorio, en marcado contraste con el satisfactorio modelo de cohesión que ha propiciado el sistema abierto y plural de Madrid. El estudio analiza las trayectorias económicas divergentes de Barcelona y Madrid desde la Transición para detectar "cómo es posible que Barcelona, la ciudad que hace cuatro décadas estaba mejor posicionada para emerger como el principal centro económico del país, haya perdido frente a Madrid". Según ambos autores, "las trayectorias divergentes de las dos capitales tienen menos que ver con el tirón de Madrid como capital de España, con el desarrollo de nuevas infraestructuras en una u otra región o con economías de aglomeración, y se explican más bien a partir de factores institucionales". Así, han detectado "una creciente fractura social en Cataluña, a lo largo de líneas económicas, sociales y de identidad, lo que ha llevado a una mayor ruptura de la confianza y al desarrollo de grupos fuertes que tienen una capacidad limitada para tender puentes entre sí."
La politización asociada al proceso independentista estaría contribuyendo a debilitar los niveles de confianza interpersonal y supone "la aparición de externalidades negativas que han limitado el potencial económico de crecimiento de Barcelona". En cambio, Madrid se ha erigido en la locomotora de la producción nacional precisamente porque presenta las condiciones opuestas.
Los dos autores subrayan las diferencias entre las sociedades madrileña y catalana del siguiente modo:
- Madrid presenta niveles más altos de participación comunitaria en asociaciones, proyectos cívicos, etc. La identidad madrileña se ha revalorizado y demuestra que, en su esencia, es abierta y pluralista. Además, el foco político está claramente en la consolidación de un modelo liberal, volcado en el desarrollo, en la integración con Europa y la consolidación de Madrid como una gran capital global.
- Cataluña presenta una comunidad fragmentada. Sus grupos presentan costes de entrada/asimilación más altos. El modelo socioeconómico está marcado por la "captura de rentas" y la distribución sectaria de los bienes públicos. Las instituciones están capturadas por las élites políticas regionales y los lazos sociales se empiezan a desarrollar entre grupos cada vez más separados entre sí. Hay cada vez menos participación en asociaciones, proyectos cívicos, etc.
Resulta especialmente interesante comprobar los niveles divergentes de confianza interpersonal existentes en Madrid y Cataluña. Por ejemplo, el 31,5% de los madrileños cree que se puede confiar en la mayoría de las personas, frente al 13,8% que tiene esta opinión en Cataluña. De igual modo, la confianza de los madrileños en personas de otra nacionalidad es cuatro veces mayor que la de los catalanes.
Las conclusiones a las que llegan ambos autores son esclarecedoras: "Madrid y Barcelona han sido durante mucho tiempo las dos grandes potencias económicas de España. Sin embargo, durante las últimas tres décadas, Madrid ha adelantado a Barcelona en prácticamente todos los indicadores económicos, convirtiéndose en una ciudad mucho más grande y en el centro de la actividad económica de España. La principal explicación de la divergencia económica entre ambas ciudades se encuentra en los diferentes marcos institucionales que prevalecen en las sociedades de una y otra capital. Madrid ha estado dominada durante mucho tiempo por una constelación de grupos sociales, económicos y culturales pequeños, que son relativamente débiles, en la medida en que son incapaces de moldear por sí mismos el rumbo del colectivo, lo que, por tanto, los obliga a interactuar entre sí. Esto ha dado pie a un ecosistema en el que la vinculación entre pequeños grupos es la norma, lo que conduce a la formación de una sociedad abierta e inclusiva, facilitando la transformación de ideas y talento en actividad económica. Barcelona, por el contrario, presenta grupos mucho más cerrados de partida, grupos a menudo divididos por líneas identitarias, económicas y políticas que, si bien fueron capaces de transformar la ciudad durante la transición a la democracia, luego han dado pie a importantes problemas internos y externos y han generado problemas de exclusión. La consolidación de grupos muy cerrados en campos como la identidad o la economía ha osificado las instituciones de Barcelona y ha tenido consecuencias económicas negativas. Vemos una sociedad cada vez más dividida en Barcelona, devastada por divisiones profundas y crecientes, donde la falta de confianza ha impedido la construcción de puentes entre los distintos grupos, lo que ha proporcionado la semilla para una trayectoria económica general mucho peor que la que habríamos podido predecir hace décadas, dadas las características de partida de la Ciudad Condal. Madrid ... ha logrado construir una sociedad más flexible, lo que ha facilitado un logro nada despreciable, como es la creación de una ciudad más abierta, interconectada, internacional y económicamente dinámica. De ahí que las diferencias en los arreglos institucionales hayan provocado un revés económico mediante el cual el Madrid caricaturizado como "lento" ha acabado siendo mucho más pujante que la Barcelona a la que se presuponía más "activa".
Según Andrew Dowling, "Barcelona y Cataluña no han aceptado este estatus cada vez más secundario y tampoco han aceptado el papel cambiante que juegan en la dinámica comparada entre las dos ciudades más importantes de España", lo que "ha alimentado el giro a la secesión dentro de Cataluña", casi como una válvula de escape".
Pese a la contundencia de todo lo anterior, los gobernantes independentistas catalanes persisten en su empeño. Ya dijo Churchill que "Fanático es aquél que no sabe cambiar de opinión y rehúsa cambiar de tema".
Hay algo que se llama seguridad jurídica que en Madrid tenemos y en Cataluña no. A lo mejor es que los madrileños y asimilados votamos mejor que los catalanes y charnegos
ResponderEliminarNo soy de Madrid, y nadie me preguntó de donde venía por qué y para qué, y aquí estoy.
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